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Noticias: Escudo humano en el Sáhara

Enviado el Domingo, 14 de noviembre de 2010, a las 20:42:34
Tema: Solidaridad - Enviado por webmaster10
El compañero Javier Sopeña
El compañero Javier Sopeña
Solidaridad

Biografía: nació el 11 de febrero de 1985 en Badajoz. Es el pequeño de tres hermanos y su madre vive en el barrio San Fernando.

Trayectoria: estudió Primaria en Los Maristas, pero decidió ir al instituto San Fernando. Siempre ha sido un buen estudiante, especialmente en matemáticas y comprometido con las asociaciones estudiantiles. Después terminó un módulo de informática y consiguió una eurobeca para trabajar en Londres. Se trasladó a Madrid y de allí volvió a su ciudad natal, donde trabajaba en Indra.

Activista: un buen día hizo las maletas, se fue a Madrid, fundó la ONG Thawra y comenzó a viajar al Sáhara regularmente.

Tenía trabajo en la empresa Indra, en Badajoz, una familia, amigos y en general, una buena vida. Pero lo dejó todo y se marchó solo al Sáhara occidental. En estos momentos se esconde del ejercito marroquí en una casa de El Aaiún y ya no atiende el teléfono móvil, está incomunicado. Si le cogen, lo mínimo que harán con él será expulsarle del país. Puede que le peguen una paliza, aunque no sería la primera vez. También es posible que le detengan o incluso le maten. De momento, las agencias de noticias informan de que El Ministerio del Interior de Marruecos ha solicitado este sábado a Javier Sopeña, así como a Silvia García Díaz e Isabel Terraza Rebollo, de nacionalidad española, y a Antonio Velázquez Díaz, de nacionalidad mexicana, que se presenten ante las autoridades del país para ser expulsados. Si bien as autoridades marroquíes no han emitido ninguna orden de búsqueda ni se desarrollará contra ellos una persecución judicial ya que no han infringido ninguna ley. Sin embargo, la voz de Javier Sopeña es inmutable. Los periodistas que lo han entrevistado días atrás en su escondite coinciden en que este joven pacense o está loco o es increiblemente valiente. «Buscan a los españoles y no sabemos si quieren deportarnos o matarnos directamente», cuenta 'Javi' para los amigos sin cambiar el tono de voz. Ha visto cómo el ejército marroquí atacaba el campamento en el que vivía, ha visto como detenían a sus amigos, les agredían y ahora vive en medio de una intifada, pero dice que no quiere marcharse por miedo, sino porque ya no es útil en El Aaiún. Es cierto, ya que su objetivo era ser un escudo humano. Eacute;l no se define así, claro. Según Javier Sopeña y los miembros de su ONG, Sáhara Thawra, su labor es viajar a los territorios ocupados y observar. Luego, a través de Internet denuncian con fotos y vídeos las injusticias que sufre el pueblo saharaui. Pero al hablar con sus amigos, sus compañeros y con el propio Javier, enseguida se comprende que hay algo mucho más peligroso detrás de su misión. La mejor manera de entenderlo es leer un testimonio que este pacense colgó en la Red en julio. Una de las labores de los miembros de Thawra es acompañar a las delegaciones saharauis desde los campamentos de refugiados hasta los territorios ocupados adonde viajan para visitar a sus familiares. En estos trayectos, y según denuncia la ONG, es cuando los policías marroquíes suelen aprovechar para detener a los activistas o agredirles. En julio, Javier Sopeña acudió a una casa de El Aaiún para recibir a una delegación saharaui. Tras pasar varios controles policiales, el grupo llegó a la casa y este pacense junto a otros tres españoles se colocaron en la puerta «para disuadir a los policías de cargar contra los saharauis», decía el propio Javier. Su labor de escudo no sirvió y los marroquíes cargaron. En ese momento empiezo a recibir puñetazos y patadas por todos lados. Me pongo de cuclillas contra la pared y me cubro la cabeza con las manos. Consigo parar las patadas que se dirigen a mi cabeza con los brazos, pero en algún momento un policía me da un puntapié en la espalda. Tras este golpe, me zafo como puedo hacia la puerta de la casa y consigo entrar el último», narra este joven. Al entrar en la casa, y según el testimonio de Javier, los policías comenzaron a romper los cristales con piedras y el grupo de españoles, junto con los saharauis, pasaron horas sitiados en la vivienda. Tiempo después, un español que estaba fuera les llamó por teléfono y les dijo que tenían que salir porque la policía quería entrar y cargar contra los saharauis. «Le digo que yo me voy a quedar en la casa y que sea lo que Dios quiera», replica Javier. De esa desagradable experiencia salió de una pieza, aunque con contusiones y cumplió su misión: servir de protección humana. Ahora, sin embargo, quiere volver a España porque siente que su presencia no sirve para nada y que los marroquíes ya no tendrán contemplaciones con él por muy español que sea. «No puede hacer su trabajo. Se está jugando la vida para nada y está exponiendo a las personas que lo esconden. Cree que será más útil aquí», explica su propia madre, María Luisa Sopeña, que anoche volvió a Badajoz después de participar en Madrid en una manifestación. Lo último que sabía de su hijo es la información que difunde el Ministerio de Asuntos Exteriores. Está preocupada por el bienestar de su hijo, pero también orgullosa de las fuertes convicciones que lo llevaron al Sáhara. «Javi es una de las personas más valientes y racionales que conozco», dice Raquel Castillo, compañera de Thawra. «Siempre estaba pensando en qué podía hacer para ayudar a los saharauis», añade Candela Carrera, amiga de Javier. Todos sus conocidos coinciden en que, si algo define a Javi, son sus fuertes convicciones. El propio protagonista, sin embargo, siguiendo con su caracter tranquilo, sólo explica que es una causa justa y alguien debía ir allí. Pero muchos pensarán, ¿qué hace un chaval metido en medio de ese lío? ¿qué le hizo poner en peligro su vida? Debe ser algo oculto bajo ese caracter pensativo porque Javier Sopeña siguió la trayectoria de cualquier joven normal. Estudió en los Maristas, pasó al instituto San Fernando y enseguida destacó como un estudiante brillante, especialmente en matemáticas. Según sus compañeros, era algo introvertido, pero carismático, con muchas chicas enamoradas de él, pero sin muchas novias. Estudió informática, consiguió una beca para Londres, trabajó en Madrid y cuando su vida parecía asentarse con un buen trabajo en su ciudad natal, hizo las maletas y se fue a hacer de escudo humano. Ahora, su familia sólo quiere que vuelva.


Fuente: Poemario por un Sahara Libre

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