AYUDA MILITAR A MARRUECOS

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Sábado, 13 de septiembre de 2008, a las 20:36:50

Opinión

AYUDA MILITAR A MARRUECOS

El Consejo de Ministros, el pasado 27 de junio, acordó la cesión a Marruecos de seis torpedos ligeros MK-46, de servicio en varios países de la OTAN, a cambio de 1 euro. Este regalo se suma al realizado al mismo precio el 18 de enero de este año, de ocho juegos de lanzadores de bombas de fragmentación para aviación. Precedido por estas generosas dádivas ZP ha iniciado una visita oficial al reino magrebí.

Desde una óptica empresarial y a tenor de estos sustanciosos intercambios no es extraño que la industria española de armamento vaya de capa caída. El ejecutivo señala, que además de mejorar las relaciones con el reino alauí, nos permitirá “ahorrar en gastos de desmilitarización”. Si de lo que se trata es de ahorrar, el ámbito de la Defensa le ofrece al gobierno insospechadas posibilidades.

 

Semejante política de abastecimiento a un régimen que vulnera los acuerdos firmados con España en 1976, viola de forma regular el Convenio de Ginebra sobre Derechos Humanos, incumple las resoluciones de la ONU sobre el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui y utiliza la tortura y el crimen para suplantar una soberanía que no le pertenece. Supone, ir contra el código ético de comercio de armas de la UE con otros países y contra la ley de comercio de armas aprobada por el Congreso de los Diputados en el 2007, que prohíbe expresamente la venta de armas a países en conflicto o donde se violen los Derechos Humanos. Todo lo anterior convierte a nuestro gobierno en cómplice de los desmanes de Marruecos y da pie a la fundada sospecha que al igual que en 1976, cuando se organizó la Marcha Verde, existen graves responsabilidades en las altas instancias del Estado, de personas que actúan en beneficio de una potencia extranjera y en contra de los intereses nacionales.

 

El Presidente del Gobierno tan sensible, y con razón, al sufrimiento en Irak y al que experimentan los monjes budistas, actúa no obstante en favor de las tesis que defiende Mohamed VI a pesar de estar su país acusado, por las principales organizaciones defensoras de los Derechos Humanos, de practicar de manera sistemática la tortura, los secuestros y las desapariciones en los territorios ocupados. La guinda la ha puesto el ex ministro de Hassan II Khali Khenna ould Errachid, quien ha declarado: “tres o cuatro oficiales del Ejército que han cometido lo que se podría llamar crímenes de guerra contra prisioneros, pero fuera del ámbito de la guerra... muchos civiles fueron lanzados al vacío desde helicópteros o enterrados vivos porque eran sospechosos de simpatizar con las tesis independentistas”.

 

La ONU se ha mantenido firme durante todos estos años en el reconocimiento del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, aunque también demasiado complaciente con las tácticas dilatorias de Marruecos para no convocar el referéndum. La penúltima jugada ha sido el informe elaborado por Peter Van Walsun, enviado personal del Secretario General Ban Ki Moon, animando a los nómadas a aceptar la oferta marroquí de acogerse a una amplia autonomía dentro del reino de Marruecos. A nuestro representante ante la ONU, Yañez Barnuevo, le ha faltado tiempo para salir en apoyo de las opiniones de Van Walsun, cuando a este último le había desautorizado el propio Secretario General.

 

A nuestro diplomático le parece la opinión del enviado personal “tan respetable” como la de Ban Ki Moon. Sin embargo, debería saber que el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, reconocido por varias resoluciones del Consejo de Seguridad, no puede escamotearse por una oferta unilateral de Marruecos con el único objeto de obviar un referéndum respaldado por la comunidad internacional. También debería saber nuestro representante, que la articulación de una autonomía auténtica en el reino alauí es imposible, puesto que se trata de un régimen autoritario cuyas leyes surgen en palacio, las sentencias también y donde el sultán comunica al Ministro del Interior, cada vez que hay elecciones generales, cuantos escaños debe tener cada partido político y lo más curioso es, ¡oh! sorpresa, que el rey nunca se equivoca en la predicción. En definitiva, para que Mohamed VI pudiera  ofrecer una autonomía real, antes tendría que cambiar toda la superestructura del Estado. En la situación actual no pasa de ser un ejercicio retórico, para confundir a la opinión pública, al ir el concepto de autonomía contra la propia naturaleza de lo que es un sultanato.            

 

 

El Siglo, julio 2008

 

Diego Camacho López -Escobar

 

Coronel de Infantería.

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