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Islamismo marroquí

Enviado el Jueves, 08 de febrero de 2007, a las 22:02:58
Tema: Opinión - Enviado por webmaster10
OpiniónANALISIS DE UN SAHARA INDEPENDIENTE

Grupo interuniversitario Opinión

Aquella tarde de octubre de 1979, los clientes habituales de la cafetería Nahda situada en una céntrica calle de Tánger, salieron corriendo hacia los angustiosos gritos provenientes de la calle. Una vez allí, pararon en seco ante la horrible escena de la que ya formaban parte, pues ante ellos apareció un individuo totalmente quemado y humeante que les gritaba solicitando ayuda. El olor a carne quemada invadió la calle y el llanto agónico de la víctima paralizó a los transeúntes del momento. Hubo vómitos y desmayos y el desventurado quemado se quedó quieto por unos segundos. Miró con ojos inyectados de sangre a la primera fila de curiosos obnubilados y al constatar que nadie vendría a socorrerle, dijo resignado y humeante: “Por favor, al menos quitadme las botas”. Pero nadie se le acercó y murió con las botas puestas.Minutos antes, el joven estaba bebiendo alegremente en una boite a veinte metros de allí cuando, de repente, un desconocido entró corriendo y le lanzó a boca jarro un cóctel molotov. Era un terrorista, un islamista, un salafista, ... y era marroquí, como la víctima. Era uno de esos jóvenes barbudos que iban por las calles sermoneando a la gente para que respete los preceptos coránicos y repudie las costumbres occidentales. De hecho llevaban años proliferando por las calles de las principales ciudades de Marruecos sin que el Majzén tomara cartas en el asunto. Aunque su nacimiento tuvo lugar a mediados de los años sesenta, sin embargo, no sería hasta mediados de los setenta cuando su presencia sería realmente notoria. Sus líderes habían aprovechado la vulnerabilidad del rey Hassán II tras los dos golpes de estado fallidos para colmar los vacíos institucionales y dedicarse a ganar la simpatía del pueblo marroquí utilizando los petrodólares wahabitas que Arabia Saudita inyectaba gustosamente, pues el rédito a medio plazo estaba más que cantado por la sencilla razón de que Marruecos era, y de alguna manera sigue siendo, un país musulmán sumido en la miseria y la ignorancia y desprovisto de sus libertades más elementales por obra de un rey y su aparato represor –léase Majzén- que no cejaban en su empeño de convertir a su pueblo en un rebaño de seres sumisos y conformistas, aunque ello significara, como había dicho el propio Hassán II, tener que matar a una mitad para salvar a la otra. Además, estos nuevos predicadores cuidaban mucho de no hacer nada que pudiera molestar al todopoderoso rey. No discutían en voz alta sobre cuestiones políticas, ni le negaban al rey su autoridad religiosa emanada de su condición de Comendador de los creyentes ni tampoco rechazaban la marroquidad del Sáhara  Occidental, tres elecciones bien aprendidas que con el tiempo convertirían a los islamistas en fieles aliados del monarca en su lucha contra los movimientos de izquierdas durante la década de los ochenta.
Su entrada en el escenario marroquí de los setenta había sido tan sutil y oportunista que ya en 1979, poco antes del atentado terrorista arriba mencionado, se creó la licenciatura en Estudios islámicos. Veinte años más tarde, el resultado de esta infiltración wahabita en el seno de la sociedad marroquí muestra un panorama preocupante no sólo para la imagen de moderación y apertura que el Majzén pretende dar a Occidente sino, también, para la existencia de la propia monarquía que muchos  ya tildan de ilegítima. El silencio del Majzén ante la expansión del wahabismo en la sociedad marroquí a cambio de la imprescindible ayuda financiera de Arabia Saudita en la guerra del Sáhara así como la neutralización de la izquierda por parte de los militantes islamistas sería, a la larga, un seppuku alauita de consecuencias imprevisibles. Aunque Hassán II, primero, y después su hijo Mohamed VI intentaron controlar e institucionalizar de alguna manera las corrientes islamistas más moderadas, sin embargo, la realidad actual del panorama socioreligioso marroquí dista mucho de estar bajo el control del rey. En el día de hoy, hay en Marruecos más de 30.000 mezquitas de las que sólo el 27% depende de la administración, es decir, que sus enseñanzas religiosas y  sus sermones  vienen determinados por instituciones religiosas oficiales. El 77% restante de las mezquitas puede decir misa, pues escapa a cualquier tipo de control por parte del Gobierno y sus instituciones. Así las cosas, es fácil imaginarse hasta dónde han llegado los tentáculos islamistas no ya sólo en el ámbito  de la sociedad civil, coto que a estas alturas está considerado vedado para cualquier otra ideología, sino en el seno mismo de las instituciones majzeníes y de los partidos políticos. Sin ir más lejos, el partido islamista Justicia y Desarrollo, PJD, que está en el gobierno y es considerado moderado, defiende de manera explícita y sin tapujos el reforzamiento de la especificidad islámica del país, la reforma del sistema bancario de manera que cumpla con la respectiva norma coránica y la negación de la igualdad de la mujer respecto al hombre, sin hablar de la prohibición de comerciar con productos alcohólicos.

Por otra parte, hoy en día en Marruecos está prohibido llevar a cabo cualquier tipo de proselitismo religioso que no sea el islámico que, al parecer, está teniendo mucho éxito entre las tropas acantonadas en el Sáhara. Y lo peor de todo es que esto no es más que la punta del iceberg y si no se hace nada al respecto Marruecos se convertirá, de la noche a la mañana, en la punta de lanza del extremismo islámico después de haber sido considerado durante décadas como el cortafuegos infranqueable en el que Occidente, y muy especialmente Estados Unidos, había puesto todas las esperanzas. Si antes las acciones de islamistas de Marruecos consistían en quemar vivo a algún que otro bebedor de alcohol o violar a la desgraciada que osaba ir por la calle ligera de ropas, hoy en día se han sofisticado mucho en cuanto a poder aniquilador se refiere: atentados del 11S (sí, también había marroquíes), del 16 de mayo de 2003 en Casablanca y del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Pero ¿qué se puede hacer?

Ante todo, y es lo que se viene demostrando durante milenios, hay que hacer que se cumpla la legalidad internacional en la región del Magreb, cumplimiento que pasará obligatoriamente por la práctica del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. Si añadimos, además, que el pueblo saharaui por sus particularidades geográficas, étnicas e históricas, es impermeable a cualquier tipo de extremismos, se habría logrado cazar dos pájaros de un tiro: restaurar la legalidad internacional y contener la bolsa islamista marroquí  desde el sur.

Volveremos sobre este tema crucial de nuestro tiempo.

Canarias, 7 de Febrero de 2006


Grupo interuniversitario Opinión
Larosi Haidar……………….UGR, Invitado
Manuel de paz sanchez…….ULL
Carlos Ruiz de Miguel……..USC
Sergio ramirez Galindo…….ULPGC
Miembros de diferentes Universidades


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