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Cartas de Usuarios: EL PROBLEMA DEL SÁHARA.

Enviado el Martes, 17 de junio de 2008, a las 01:25:27
Tema: Opinión - Enviado por prada
OpiniónSe fue a los campamentos con unos amigos esta semana santa. Su conocimiento del Sahara Occidental era el de un profesor que se interesa por lo que pasa en el mundo y por lo que puede enseñar a sus alumnos. No tenia conciencia de los campos de refugiados de Tindouf... algo habia oido hablar, poca cosa.

Llegó, vió y... opinó

Este es el relato de una persona formada, interesada por lo que sucede en este mundo que nos toca vivir. Sabemos que hay alguna inexactitud, descurbid cual, (algunos los llamaran errores aunque no son de bulto ni graves). Se publica tal cual, para que nos demos cuenta que a pesar de nuestro interés por comunicar y difundir no siempre lo hacemos correctamente. Es un articulo para dar a conocer el conflicto a quienes lo desconocen y para hacer pensar a los que intentamos darlo a conocer, para plantearnos si podemos mejorar nuestra forma de comunicar.

EL PROBLEMA DEL SÁHARA.

A raíz de la Marcha Verde convocada por Marruecos en octubre del año 1975 reclamando la adquisición del Sahara aprovechando la situación de debilidad política en la que se encontraba el régimen franquista en aquel momento, LA ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS – O.N.U - no han sabido o no han querido resolver el problema debido a los intereses de algunos de sus miembros más importantes

La política practicada por EEUU mediante la cual ha pretendido siempre tener en Marruecos un fiel aliado para que actuara como gendarme en el norte de África, primero frente a la posible expansión comunista en la época de la Guerra Fría y una vez derribado el Muro de Berlín frente a la posible amenaza radical islamista.

Cuanto más tiempo pasa, el problema se enquista cada vez más y la solución resulta cada día más complicada.

De tarde en tarde, tanto la prensa internacional como la española saca el problema a colación, cuando las circunstancias de algún asunto político colateral lo demandan.

De este modo se nos refresca la memoria de que el pueblo saharaui, a quien se expulsó de su tierra, lleva viviendo durante treinta años en unos campamentos de refugiados en la más inhóspita soledad del desierto en un lugar prestado por Argelia.

En la pasada Semana Santa, el que escribe, tuvo la oportunidad de tener una experiencia directa al convivir con esas gentes durante una semana.

El motivo surgió a través de un familiar que colabora asidua y directamente junto con otros amigos, con los campamentos saharauis, quien me ofreció la oportunidad de visitar dicho lugar

Salimos del aeropuerto de Barcelona un nutrido grupo de personas con dirección a Tinduf, aeropuerto militar situado al suroeste de Argelia que dista unos veinticinco o treinta Km. de los campamentos.

Después de los oportunos trámites burocráticos en la aduana, nos subimos a la caja descubierta de sendos camiones, donados por el gobierno vasco, tal como podía deducirse de los letreros que todavía se conservaban en las puertas laterales de la cabina, que nos transportaron hasta los campamentos .

Sentados sobre banquetas de tabla forradas con delgadas placas de espuma, atadas con cuerdas para aliviar la dureza de los golpes de la conducción sobre el irregular suelo del desierto, sufríamos en todo el cuerpo, pero de manera especialmente en el rostro, el impacto del frío viento de la noche, producido tanto por la velocidad del camión, como por la suave brisa, que debido al descenso rápido de la temperatura, se produce tras la puesta del sol.

El viaje me recordaba alguno de los que siendo niño había realizado durante los primeros años de la posguerra ,en la época más dura de la dictadura de Franco, cuando España no había iniciado todavía los primeros pasos hacia los prolegómenos del desarrollo económico.

Me sorprendió sobre manera la facilidad de orientación de estas gentes del desierto. No entendía cómo de noche, sin ninguna señal de referencia en el suelo, pudieran conducir a la velocidad que lo hacían manteniendo siempre el rumbo adecuado. Cuando llegamos a los campamentos eran aproximadamente las cinco de la mañana.

Allí nos esperaban con la amable hospitalidad que caracteriza a este pueblo, y en general, a todos los pueblos del desierto, para ofrecernos el correspondiente agasajo protagonizado por el té.

Sentados en corro directamente en el suelo en torno a una pequeña estructura metálica donde se hace el fuego para colocar la tetera, contemplaba a la tenue luz de un fluorescente alimentado por una batería que se había cargado durante el día mediante una pequeña placa solar, cómo LALA,”la mater familias” de la casa nos obsequiaba con el acostumbrado te familiar.

Al advenedizo le sorprende el parsimonioso ritual en el que se desarrolla esta ceremonia social, trasvasando el liquido de un vaso para otro, “mazándolo” de un modo similar a como nosotros haríamos con la sidra: una , dos , … no se cuantas veces , hasta que queda listo para la consumición.

En medio de la penumbra de la estancia, aumentada por el turbante femenino de color oscuro que cubría la frente y las partes laterales del rostro, contemplaba la mirada de unos ojos expresivos y la blancura de unos espléndidos dientes que dejaban translucir la todavía no lejana belleza de un rostro juvenil. ¡ Cuan bella debió de ser esta mujer de joven , pensaba para mis adentros, a juzgar por la expresión que todavía emanaba de su rostro¡

Concluida la ceremonia de bienvenida, nos dispusimos a preparar los lechos para descansar. Unos lo hicimos en el suelo sobre una manta extendida encima de la alfombra que cubría el suelo de la estancia, y otros sobre los asientos laterales de espuma que rodeaban la pared de la estancia.

Cada familia saharaui, además de la haima correspondiente, ha ido construyendo una o dos estancias más pequeñas de toscos adobes, fabricados por ellos mismos, como dependencias separadas del espacio común familiar, la haima, donde se desarrollo la vida familiar durante el día.

Junto a ellas, otra pequeña estancia mucho más pequeña que las anteriores, construida también con adobe, hacía las veces de retrete. En el suelo del mismo se incrustaba la tradicional base, tipo taza de Water turco. El agua se tomaba de un recipiente de plástico mediante un pequeño vaso para mantener aseada la estancia después de efectuar las necesidades.

He de confesar que me sorprendió semejante estancia ya que con la mentalidad propia de un sujeto de país desarrollado y pensando que en el desierto sólo hay arena, el lugar especial para efectuar cualquier necesidad fisiológica sería la base de la ladera de una pequeña duna .

Separada del retrete unos pasos, otra pequeña estancia hacía las veces de despensa y cocina. La cocción de los alimentos se hace mediante cocinas de gas alimentadas por bombonas al igual que en cualquier parte del mundo civilizado. Sí es pintoresco ver a las mujeres saharauis a cualquier hora del día transportar las bombonas de gas rodándolas sobre el suelo mediante empujones con los pies.

Un pequeño muro de adobe a modo de cerca llenaba los huecos que quedaban entre una y otra de pendencia de manera que el recinto quedaba completamente cercado formando un espacio interior libre como es frecuente en todas las viviendas de la cultura mediterránea.

El agua, bien escaso e indispensable para la vida, se suministra mediante camiones cisterna . Cada familia dispone de uno o dos recipientes entre ochocientos y mil litros desde donde la administran según las necesidades .

La vida familiar saharaui transcurre dentro de la haima , en ella pasan las mayor parte de las horas del día. En ella se toma el té, se sirven las comidas y se utiliza como lugar para la siesta.

Cualquiera que desde su infantil fantasía haya asociado de manera inequívoca el camello como el único medio de transporte en el desierto, le sorprenderá el uso frecuente de vehículos de tracción mecánica tipo todo terreno como el Land Rover o similares que circulan en la actualidad.

El alto coste de estos vehículos los hace inasequibles a su poder adquisitivo, pero disponen de ellos gracias a donaciones de organismos oficiales o cesiones de particulares de países europeos especialmente España .

La comunicación verbal no resulta complicada. La mujer saharaui, como norma general no habla español, el hombre sí.

Son los vestigios de la cultura española de los tiempos de la colonia y de cuando posteriormente los territorios españoles fueron declarados provincias españolas.

Esto me trae a la memoria mi curso de Preuniversitario cuando era estudiante, cuyo texto de Geografía en “Preu” era un “mamotreto” titulado PLAZAS Y PROVINCIAS ESPAÑOLAS EN AFRICA. Era una manera eufemística de denominar los territorios para seguir manteniendo el dominio sobre los mismos, no como colonias, sino como provincias que formaban parte del territorio nacional.

Dentro de este supuesto paréntesis de exilio, desde que se formaron los campamentos en suelo argelino, la lengua española vuelve iniciar un período de recuperación.

El fenómeno de acogida de niños saharauis durante el período del verano en España, a través de las diversas comunidades autónomas, ha provocado en las autoridades del Polisario el hecho de que en la escuela se vuelva de nuevo a introducir el español como segunda lengua 

para preparar a los niños en el conocimiento del idioma para cuando sean acogidos durante los veranos en nuestro país.

Es admirable la importancia que el pueblo saharaui da a la educación. Los niños se escolarizan a partir de los tres años. Los que sufren alguna minusvalía física o psíquica reciben educación especial en aulas separadas. El objetivo fundamental según nos informaba una de las educadoras es lograr que mediante una pedagogía específica se conviertan en personas lo más autónomas posibles.

Como no podía ser de otro modo, es lastimoso ver en las escuelas saharauis la carencia de recursos pedagógicos tan elementales y necesarios como bolígrafos, lápices, gomas de borrar o pequeños cuaderno, que nosotros menosvaloramos por el hábito despilfarrador de una sociedad consumista y que para ellos son de un valor de uso incalculable, no solo por la utilidad en sí, sino por la dificultad de reposición.

El pequeño grupo expedicionario que nos hospedamos en el campamento de Ausser ,debido a la labor de contacto mantenida por mi familiar con algunas empresas catalanas del ramo de papel y de la comunicación, logró reunir una considerable cantidad de material escolar tales como lápices, bolígrafos , gomas y otro tipo de material fungible que fue entregado en las escuelas de esta campamento.

El pueblo saharaui vive asentado en un suelo desértico donde es imposible cualquier actividad agrícola.

Sólo un pequeño grupo de seis o siete ovejas, todas ellas escuálidas, pertenecientes a cada haima, deambulan por el campo alimentándose de los desperdicios de cada familia , que por otro lado tampoco son demasiado abundantes.

A uno le impresionaba ver este tipo de ganado tan depredador y vegetariano en un lugar tan inhóspito, carente de todo vestigio de vegetación, la que en una situación normal sería la base de su alimentación.

A veces pensaba que la persistencia de ganado lanar en semejante lugar se debería más a la supervivencia de una tradición nómada anterior en la que siempre se disponía de algún pasto , que por las posibilidades alimentarias en la situación actual.

Su aspecto escuálido motivado por la carencia de alimento y en especial de vegetales resulta deprimente. Sus carencias alimenticias son tan grandes que cualquier objeto fabricado cuya composición de origen fuera materia orgánica, como el papel o los tejidos , lo devoran.

La disposición de las haimas en el terreno no se ajustan a ningún plano urbanístico trazado previamente, sino que cada familia ha colocado su tienda en el lugar que le ha parecido más oportuno . Esta falta de orden urbano en la disposición de las viviendas provoca una sensación de desorden en una mente habituada a planos urbanos más o menos ordenados. La sensación de desorden aumenta con la construcción de pequeños rediles construidos con chapas de viejos bidones para recoger el ganado durante la noche. Pero todo tiene una explicación lógica: La idea persistente de provisionalidad en la mente del saharaui.



La subsistencia en los campamentos se mantiene gracias a la ayuda internacional que les proporciona alimentos en forma de legumbres y harinas. A ello contribuye también la ayuda de particulares, en especial de aquellas familias que han tenido en acogida algún niño durante los meses de verano, y siguen manteniendo un vínculo de relación con él y su familia. Aprovechan el viaje de estos benefactores voluntarios para enviarles recursos en forma de dinero.

Es notable también la colaboración de organismos españoles , italianos , franceses ,etc. en forma de ayuda a la construcción de algunos edificios y puesta en marcha de ciertos servicios, y en la donación de material móvil como vehículos todo terreno , ambulancias , camiones etc.

La situación del pueblo saharaui en la actualidad es una situación de impas en la que sus gentes no tienen la menor posibilidad de ejercer actividad laboral alguna. Las condiciones geográficas desérticas impiden cualquier actividad de tipo agrícola. Esto junto con la ausencia de otras alternativas laborales en el aspecto industrial, implica negar a la persona la posibilidad de un trabajo mediante el cual pueda realizarse y sentirse útil para sí mismo y para la sociedad.

La mayor parte de los jóvenes, una vez transcurrido el período escolar, se ven avocados a una inercia total nada beneficiosa para su desarrollo tanto mental como físico.

Una situación de este tipo repetida durante varias generaciones podría llegar a generar en la mente de la juventud saharaui un estado de cansancio y aburrimiento que degenerase en una pérdida de la toma de conciencia del problema en el que vive su pueblo, pudiendo originar una diáspora de esta gente joven hacia otros lugares conde su porvenir fuera amenos incierto y más estable.

La experiencia in situ de algunos de los componentes del grupo contribuyó a que se implicaran más directamente en la solución de algunos de los problemas del futuro.

Este tipo de vivencias tan estrechamente compartidas, normalmente generan lazos de amistad entre los miembros del grupo, ya que las motivaciones e intereses que los impulsan son comunes a todos.

Concluida la estancia regresamos a la península satisfechos de haber realizado una obra de carácter solidario y con la esperanza de volver a repetir la experiencia en años sucesivos.

MANUEL SANROMÁN GARCÍA.

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