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Los hijos del Sahara

Enviado el Domingo, 10 de febrero de 2008, a las 04:38:39
Tema: Opinión - Enviado por numa
OpiniónHistoria de Brahim, invidente, que vive en Archidona acogido por una familia.
Fuente: Sur.es - Gema Martínez (Málaga)

«UN niño siempre es de su padre y de su madre». La conclusión de Brahim Mohamed Fadel resultaría evidente de no ser porque a veces -muy pocas- ocurren casos como el que esta semana se ha convertido en noticia, después de que una madre saharaui llevara a los tribunales al matrimonio sevillano que se niega a devolverle a su hija de siete años, a la que acogía temporalmente mientras la mujer resolvía todos los trámites burocráticos para estabilizarse en España.
«Es dolorosísimo para una madre dejar marchar a su hijo», afirma el joven, que tiene a la suya propia en un árido desierto. Nacido hace 21 años en los campamentos de refugiados de Tindouf (Argelia), estudiante de primero de Traducción y ciego, Brahim, que además de hablar perfectamente el español y el hassanía, domina el árabe, el francés y maneja algo de inglés, es un ejemplo claro de los beneficios que el programa de acogida temporal de la Federación Andaluza de Asociaciones Solidarias con el Sahara (FANDAS) puede suponer para muchos de los niños que se enfrentan a las durísimas condiciones del exilio, «al que se ven abocados por la ocupación del Sahara Occidental por parte de Marruecos». La puntualización la hace Francisco Guerrero, presidente de esta organización en Andalucía. Es importante, porque recuerda que ninguno de estos programas serían necesarios si los saharauis estuvieran en su tierra y tuvieran los medios sanitarios, educativos, económicos y sociales para atender a su población. Pero no es así en la desértica hamada argelina en la que nació Brahim, y de la que partió hace nueve años en uno de los vuelos del programa Vacaciones en Paz, a través del cual, cada verano, unos 2.500 pequeños vienen a Andalucía a pasar julio y agosto con familias de acogida.

Evitarles las elevadísimas temperaturas que el verano lleva a los campamentos; proporcionarles dos meses de buena alimentación, realizarles revisiones médicas y convertirles en embajadores de la causa saharaui en España son los objetivos de este programa, que se realiza a través de convenios con las consejerías de Salud y Bienestar Social de la Junta de Andalucía.

Prolongar la estancia

Ocurre a veces que las necesidades sanitarias de algunos de los pequeños o su recuperación después de someterse a operaciones quirúrgicas precisan que esa instancia inicial de dos meses se prolongue en el tiempo, y de hecho, unos 200 menores saharauis permanecen en Andalucía por esas razones. Fue lo que ocurrió con Brahim, que entonces contaba 12 años y sufría cataratas congénitas. En su caso, su familia biológica, que permanece en los campos de refugiados junto a siete de sus ocho hermanos, aceptó que la estancia se prolongara con la familia de Archidona que lo acogió y que sigue ocupándose de él.

Cuando llegó, el chico no sabía leer ni escribir, pero aprendió pronto: «En cuatro o cinco meses aprendí braille y me sometí a la operación. En dos años saqué Primaria», relata. Sus progresos en el aprendizaje motivaron que sus padres aceptaran que continuará aquí para terminar los estudios, algo absolutamente imposible para un ciego en los campos de refugiados, por más que se orientara tan bien allí como demuestra hacerlo aquí.

La intervención quirúrgica no le devolvió la vista, pero tampoco le robó la sonrisa: «Hay que ser valiente. ¿Para qué hundirse?», dice convencido. Brahim sonríe ampliamente cuando habla de su familia de acogida: «Mi familia aquí ha sido fundamental. He estudiado gracias a ellos y gracias a la Once. Sé que me quieren como a un hijo».

Involucrado


A pesar de ellos, no ha perdido el contacto con los suyos y sabe bien cuáles son sus orígenes y la lucha de su pueblo: «Soy saharaui, aunque viva aquí. Vengo de un campamento de refugiados. Nací en un periodo de guerra y puede que sea ciego por la falta de medicinas. Estoy involucrado con mi pueblo».

El caso de Brahim representa la tónica general de las relaciones entre los niños saharauis, la familia de acogida y la familia biológica, aunque algunas veces no ocurre así. Francisco Guerrero recuerda un caso en el que tuvo que intervenir hasta la Guardia Civil para que la familia de acogida devolviera a un niño tras terminar el periodo fijado en el programa 'Vacaciones en Paz': «Fue en Granada. Una familia debía llevar al pequeño al aeropuerto porque salía su vuelo de regreso. No lo hizo y tuvimos que poner el caso en manos de la Fiscalía de Menores. Al final tuvo que personarse la Guardia Civil y retirar al menor».

«En el 99% no ocurre nada, pero esos dos o tres casos puntuales suponen una dinámica muy negativa. No queremos ese tipo de familias en el movimiento solidario, porque consideramos que son familias sin escrúpulos», asegura Francisco Guerrero.

El presidente de FANDAS recuerda que para el acogimiento temporal de los niños durante los meses de verano, la familia española firma un documento en el que se indica -en negrita y subrayado- que no hay posibilidad de adopción u otro tipo de acogimiento permanente, y que el menor volverá a los campamentos de refugiados una vez terminen los dos meses del programa. De hecho, una de las condiciones que se tiene en cuenta para rechazar una solicitud de acogida es que la familia esté en trámites de adoptar.

Compromiso moral

En el caso de Sevilla, la niña no llegó a España a través de Vacaciones en Paz, pero según Guerrero, la familia de acogida firmó un documento con la Delegación Saharaui en Andalucía, en el que se especificaba que la menor regresaría con sus padres en cuanto ellos lo solicitaran: «Aún teniendo en cuenta que España no reconoce a la República Democrática del Sahara, con la que se habría rubricado el documentos, sí da cuenta de ese compromiso moral de la familia de acogida», afirma.

«Es poco probable, pero imagina que un niño español visita los campos de refugiados. La familia de allí quiere que se quede. Incluso si el niño quisiera quedarse, para un juez siempre primaría la decisión de su familia biológica aquí», concluye Brahim, que vuelve a hacer gala de una lógica sencilla y aplastante.

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