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Mi té del martes 25 en el antiguo Café de Fornos de la Calle Alcalá 21.

Enviado el Miércoles, 10 de octubre de 2007, a las 20:13:54
Tema: Opinión - Enviado por prada
OpiniónSuelo acudir a un rincón, café americano, en la calle Alcalá, una de las grandes arterias de mi ciudad de exilio, Madrid, que me acogió hace una década como uno de sus nuevos ciudadanos, fenómeno histórico con el que son muy conocidas las grandes capitales europeas, como Londres, Paris, o Ginebra.
No me sorprendió la historia de ese lugar, cita de muchos universitarios, oficinistas y turistas, categoría secular, que ya me había contado Alberto el artista. Un día después de comentarle sobre ese café Faborit, me dijo: “Fíjate en la placa que aparece en la esquina del edificio”. Por eso fui otro día exclusivamente para ver aquella triangular placa de color arena con un trazo bordado de negro, en la que rezan siete líneas en mayúscula:

EN ESTE LUGAR ESTUVO
EN LA ÉPOCA DE
LA RESTAURACIÓN EL
CAFÉ DE FORNOS
LUGAR DE TERTULIAS DE
POLÍTICOS, INTELECTUALES
Y TOREROS.

Pienso “Vaya mundo tan heterogéneo que se juntaba aquí, intelectuales políticos y toreros”, en fin todos condenados a compartir la misma cubierta y navegar juntos a fin de tocar tierra firme, ahí donde los caminos bifurcaban entre orejas de toreros, obras literarias y ambiciones políticas, es como el dicho saharaui shejlat teir ubajnus, algo así como qué es lo que junta un ave y una bestia.

Al antiguo Café de Fornos, fundado por un sirviente del marqués de Salamanca, donde a finales del siglo XIX germinó la generación del 98, hoy Faborit, lo frecuento contagiado por su pasado literario buscando paz para escribir, leer y a veces auto reflexionar y tertuliar con amigos al son de un hilo de música jazz y blues, que siempre asocio con los grandes clásicos del houl de mi tierra, sobre todo a Sidahmed uld Awa, uno de los máximos exponentes de ese género musical hasaniano.

Antes de pedir mi consumición me fijo en una barra donde suelen colgar los rotativos y revistas del país, y ahí me acerco para retirar alguno, pensando siempre en la intención de los otros clientes matutinos, asiduos a la lectura de los periódicos.

Ese martes 25 de septiembre pido mi habitual té rojo con el desayuno andaluz, pan, aceite de oliva y tomate… cruzo la mirada con la dueña del bar a la que nunca le he preguntado de qué rincón del mundo es, convencido de que es una ciudadana estadounidense por lo que intuyo, una hermosa dama con mucha personalidad y hospitalidad, me saluda con un guiño muy amable como un acostumbrado cliente y me retiro a un rincón, a una mesa de dos personas. Ahí estaba en grata compañía con el libro de Edward W. Said “Representaciones del intelectual” y la edición numero 11.063 de uno de los diarios de mayor tirada en toda la geografía española y por su puesto mi aromático té rojo. Repaso casi todas las páginas y sus rincones, un segmento informativo, cultural, económico, variopinto.

Me detengo en la parte cultural en la que me llama la atención una entrevista con el actor de cine y televisión Guillermo Toledo donde habla de su nueva serie “Cuestión de Sexo”; me acuerdo enseguida que la noche anterior le vi en un telediario en el que se hablaba, creo, del festival de cine de San Sebastián en su nueva edición 2007, donde el actor cuando posaba ante las cámaras sacó una preciosa bufanda con la bandera saharaui y unas centradas letras en blanco “Sahara Referéndum Ya” y extendiéndola entre sus solidarios brazos con una graciosa y sincera sonrisa como un hincha de fútbol, agradable eso sí, aunque el cámara a aquel rotundo mensaje no le dedicó más que fracciones de segundo, primaba mas otros planos del “glamouroso mundillo del corazón”.

Me acuerdo de aquella frase del premio Príncipe de Asturias Edward W. Said cuando dijo que “el intelectual está para decirle la verdad al poder” y como más tarde matizaba en una de sus famosas conferencias “una de las tareas del intelectual consiste en el esfuerzo por romper los estereotipos y las categorías reduccionistas que tan claramente limitan el pensamiento y la comunicación humanos”. Guillermo Toledo, como otros muchos artistas, es otro de estos eduardianos intelectuales que le dicen la verdad al poder en España.

Termino ese día una de mis habituales jornadas matinales en el antiguo Café de Fornos, hoy Faborit para todos, de la calle Alcalá, comprometido y con el designio que el siguiente día escribiré otra historia surgida de más realidades con las que a veces nos topamos sin darnos cuenta de su trascendencia como ese contundente mensaje de nuestro amigo Guillermo Toledo.

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