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Información: VACACIONES EN PAZ FINALIZA, LOS SAHARAUIS REGRESAN A SUS JAIMAS

Enviado el Jueves, 13 de septiembre de 2007, a las 19:23:35
Tema: Solidaridad - Enviado por prada
SolidaridadLOS NIÑOS SE LLEVAN REGALOS Y RECUERDOS, RETAZOS DE SOLIDARIDAD. Y RECLAMAN JUSTICIA PARA SU PUEBLO, CONDENADO EN EL DESIERTO AL ABANDONO DE LA SOCIEDAD INTERNACIONAL

En el más inhóspito de los desiertos, en la hamada del Sáhara y a temperaturas que superan los 50 grados, sobrevive el Pueblo Saharaui: pendiente de la solidaridad internacional y de la resolución de un conflicto que les condena a vivir como refugiados en campamentos sin alimentos, medicinas, agua, luz…
AVELINO GONZÁLEZ VEGA. BRIHUEGA.
 
La algarabía del desierto se escucha ahora en Guadalajara. Los niños y niñas saharauis llevan varias semanas conviviendo con familias de nuestra provincia. Sus voces: inocentes, reclaman solidaridad para su pueblo, el saharaui  y agradecen la respuesta y el apoyo mostrado por Guadalajara.

Los niños y niñas saharauis llevan varias semanas disfrutando de un verano, lejos del más inhóspito de los desiertos, en el seno de familias alcarreñas. Ahora, cuando “Vacaciones en Paz 2007” toca a su fin, se aprecian los beneficios que suponen para los niños y las familias de acogida esta experiencia.

Las instituciones provinciales, Diputación y Ayuntamiento capitalino, les despiden con solidaridad y con palabras de agradecimiento. El delegado saharaui en Castilla-La Mancha, Abidín Bucharaya ha contestado. “La solidaridad de Guadalajara es muy importante para el pueblo saharaui. No olvidaremos nunca lo que esta ayuda supone para nosotros y agradecemos sincera y profundamente el esfuerzo de toda la sociedad y también la respuesta de las instituciones provinciales, Diputación y Ayuntamiento de Guadalajara, y otros muchos ayuntamientos que se solidarizan con el pueblo saharaui. Y por supuesto a las familias de acogida también. A todos: muchas gracias”.

La respuesta solidaria de Guadalajara es más profunda e intensa, va más allá de lo que vulgarmente se entiende por ayuda humanitaria. Ésta también es muy importante y siempre se debe estar alerta, pero la atención a programas nutricionales, a programas de desarrollo, a proyectos sanitarios y de infraestructuras educativas, o las propias ayudas de emergencia se complementan con la acogida de niños y niñas que conviven cada verano con familias españolas y guadalajareñas. 

La Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Guadalajara es la responsable de desarrollar toda la ayuda que se canaliza hacia los campamentos de refugiados. Tras más de 32 años viviendo en las `haimas´ del desierto el pueblo saharaui necesita más que nunca de la ayuda y solidaridad de la sociedad tal como sostiene Socorro Barrena, presidenta de esta Asociación: …la realidad del desierto es muy dura: los niños saharauis no tienen acceso a los derechos elementales: son víctimas de una injusticia, de la que no son culpables y están condenados a padecer los calores y el rigor de la vida en una cárcel abierta, en el más inhóspito de los desiertos, con una temperaturas que sobrepasan con holgura los cincuenta grados en estos momentos… En este orden de cosas S. Barrena añade algunas carencias fundamentales: sin agua, sin alimentos, ni medicamentos; sin saneamiento, ni electricidad; sin juegos electrónicos, ni piscinas… Sin tantos `sin´ que la ilusión por salir de allí es lo único que pequeños y grandes comparten como una esperanza que los mantiene vivos…

De la hamada del Sáhara a los pueblos de la Alcarria

De las haimas a nuestras casas. El encuentro entre dos culturas. Contrastes de la vida: temperaturas infernales, arena y viento. En lontananza tierra y cielo. Sólo tierra y cielo: nada más. Y todo bajo el mismo sol: primer, segundo, tercer… mundo. Un artificio creado por el ser humano.

En España nos quejamos de las llamadas olas de calor. Los niños saharauis, como sus amigos alcarreños, son ajenos a estas `olas´. Los servicios sanitarios realizan campañas y ponen en práctica mecanismos institucionales para prevenir los “golpes de calor”. La atención sanitaria en los campamentos de refugiados como es lógico tiene que atender otras prioridades más acuciantes con medios casi inexistentes y con escasos medicamentos. En el Sahara cualquier accidente, corte o rotura puede tener consecuencias irreparables.

Las atenciones sanitarias que aquí reciben los niños saharauis son impensables en los hospitales y dispensarios de los campamentos de refugiados. Las visitas a los médicos en nuestros centros de salud, las analíticas, las revisiones oftalmológicas, auditivas, odontológicas… son sólo uno de los objetivos del programa solidario “Vacaciones en Paz”. En los campamentos de refugiados hay 46 médicos, incluidos los especialistas.

Teresa Rivas acoge a dos niños en su familia y conoce bien los Campamentos de Refugiados del desierto: …los saharauis están a sombra de una tela, en las haimas, donde las madres siguen dando de mamar a los niños, donde el agua es un bien tan escaso, como necesario. Y las neveras y los hielos son un sueño o un recuerdo, como lo son las playas, las piscinas y los helados,…

Los saharauis hablan el castellano (es la segunda lengua oficial) con relativa fluidez y se esfuerzan por aprenderlo. Este es otro de los objetivos de “Vacaciones en Paz”. Hasta hace treinta y dos años fueron españoles. Ahora son un pueblo a la deriva, condenado. Marruecos y su graciosa majestad, Mohamed VI invadió sus tierra y sus casas. Les obligó a huir de la muerte en 1975 y cada día viola los derechos humanos con la complicidad de varias naciones, incluida España. Abidín Bucharaya es el delegado saharaui en Castilla-La Mancha y manifiesta: …sólo nos queda la dignidad de la esperanza, recuperar nuestra tierra, vivir en libertad junto a las costas del Atlántico de las que fuimos expulsados huyendo de las bombas de NAPALM, fósforo blanco, de una muerte segura...

España ha recibido en “Vacaciones en Paz” casi 10.000 niños para pasar el verano en otras tantas familias. Niños y niñas como Wita, Mulay, Salma, Mohamed, Yussef, Weiga o Yamila se convierten en nuetros familiares por una temporada. Estos niños cada vez se extrañan menos de nuestro mundo. Sin embargo, se sorprenden de la naturalidad de nuestras costumbres: ducharse a diario o cambiarse de ropa, sacar dinero del cajero o encender una lámpara… La curiosidad es enorme, no sólo por la cultura y tradiciones. En más de una cosa deberíamos ser humildes y aprender de ellos.

EL DEBER DE LOS NIÑOS ES JUGAR, EL DE LOS MAYORES: FACILITAR EL JUEGO

Jatry ha venido por primera vez. No había estado nunca en Brihuega: las bicicletas, el fútbol, emular a las estrellas del fútbol español, los juegos electrónicos, la televisión, las piscinas y las playas… me gusta todo. Las fiestas: los toros y los cabezudos, la música y los fuegos artificiales. ¡Ah! Y el` Marujo´. Lo he pasado con mis amigos muy bien…

Son días de efervescencia que intentan vivir con intensidad. Cada uno ya ha oído hablar a su hermano o algún pariente o amigo de los que son las vacaciones en España y ya han hecho planes para disfrutar a tope. Para los niños, como para cualquier persona, la imaginación, la ilusión va más allá de la realidad. En los campamentos la ausencia de juguetes se suple con el ingenio. En España les faltan horas al reloj para realizar sus proyectos.

Wita y Yusseef también han estado en Brihuega y con una sonrisa cómplice dicen con voces tímidas e inseguras: Hemos estado en las fiestas, en las Peñas, con otros amigos hemos jugado mucho… Volveremos, seguro.

Los niños están ilusionados en las fiestas de los pueblos, amalgamados con los lugareños, en torno a los “Cabezudos” o jugar a los encierros en Brihuega; aplaudir a los guerreros en los Torneos de Justas en Hita o Sigüenza;  jugar al fútbol con la camiseta de Alhóndiga o de Uceda… Es una realidad de mestizaje, un enriquecimiento para todos: para saharauis y españoles.

EL PUEBLO SAHARAUI ESPERA NUESTRA SOLIDARIDAD

España ha recibido en “Vacaciones en Paz” casi 10.000 niños para pasar el verano en otras tantas familias. Niños y niñas como Wita, Mulay, Salma, Mohamed, Yussef, Weiga o Yamila se convierten en familiares por una temporada. Estos niños cada vez se extrañan menos de nuestro mundo. Sin embargo, se sorprenden de la naturalidad de nuestras costumbres: ducharse a diario o cambiarse de ropa, sacar dinero del cajero o encender una lámpara… La curiosidad es enorme, no sólo por la cultura y tradiciones. En más de una cosa deberíamos ser humildes y aprender de ellos.

La frase más pronunciada en estos días hacia las familias que acogen a un niño o niña saharaui es: “¡vaya obra buena que estáis haciendo!”. La Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui sostiene: La solidaridad es una responsabilidad de nuestra sociedad. Vivimos en un mundo en el que tenemos que ayudarnos unos a otros. Luchar juntos contra las injusticias. Abogar, conjuntamente, por un mundo más equilibrado, más justo y solidario. Y  humanamente más habitable para todos…

Los niños saharauis juegan en el Parque de las Eras de Brihuega o en la Concordia de Guadalajara (un apelativo muy apropiado) Algunos, como Yussef, apenas hablan el castellano, y sin embargo, juega con otros niños de su edad. Estos parques o piscinas parecen la ONU: ecuatorianos, dominicanos, rumanos, polacos, colombianos, búlgaros, cubanos, alemanes, ingleses, saharauis y brihuegos. Todos los niños se entienden y juegan sin mirarse al color de la cara, al credo que profesan, ni mucho menos a la cantidad de matemáticas que saben. Tienen más cosas en común que diferentes, eso les une.

Ángela es la madre de acogida de Mariam  y asegura conteniendo la emoción: “Es una experiencia única e inolvidable. He aprendido mucho de ella. Me ha dado mucho más que yo a ella…

La piscina, la playa, la Concordia son ejemplos del crisol de razas. Mahamed va a la piscina de Guadalajara. Juega con otros niños y ha entablado amistad. Sólo hay un balón y juegan todos. Handy está en Molina, Ghira en Uceda. Aicha está estos días en Alhóndiga, con José y Ángela, que disfrutan con la convivencia de la niña saharaui. Al igual que Socorro, Fernando y Laura con Weiga y Yamila, Raimundo y Rosa en Atanzón, y Teresa y Olga en Brihuega… son muchos los niños, un total de 86, los que están en la Alcarria. Pero la realidad es que hacen falta más familias para más niños saharauis.

LA TRISTEZA DEL ADIÓS

La convivencia es lo más bonito y agradecido: es lo que más se trabaja y lo que más se disfruta. La experiencia de María y Tino que ya han acogido en los últimos años a varios niños y niñas saharauis es evidente: “…con la mirada nos conquistan y como a todos los niños: todo se les antoja. Lo hemos pasado bien, en general. También ha habido momentos difíciles, es la salsa de la vida. Hemos aprendido mucho y repetiremos la experiencia y se la aconsejamos a todos…”

Un representante de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Guadalajara habla de la despedida: “Es triste y real, pero la vida en todos los lugares tiene estas realidades. Nos cuesta decir adiós y duele la despedida. Debemos quedarnos con el valor de la obra realizada: es lo que nos sobrevive.

En este sentido añade su portavoz: los niños vienen a nuestras familias con varios objetivos: comprobar su salud, recuperarse nutricionalmente, eludir los meses más duros del desierto, aprender el castellano,… Pero sobre todo, conocer una cultura donde la paz es un hecho, como lo son: el respeto de los derechos humanos, la tolerancia al color de la piel, al credo y a la libertad.  Los niños lo aprenden todo y se esforzarán por conseguir para los suyos lo que a ellos se les ha negado.

La tristeza del adiós contrasta con la alegría del reencuentro con sus familias. El alcalde de Guadalajara, o la presidenta de la Diputación, Antonio Román y Mª Antonia Pérez, respectivamente, también tenían palabras de cariño para los padres de los niños que no visitan en “Vacaciones en Paz”.

Los niños se llevan regalos solidarios útiles e importantes, muy valiosos. Tanto el ayuntamiento de Guadalajara con una placa solar, entregada por el propio alcalde; como la bolsa y los regalos entregados por la Diputación, o el resto de regalos de otros colectivos son solidaridad. A juicio de la experiencia mostrada por la Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui esta solidaridad es directa y los beneficios que reporta favorecen a una gran parte de los refugiados.

De las familias se llevan algo más que ropa o chuches: se llevan recuerdos inolvidables de una convivencia. Algo aprendido que permanece imperecedero y que cultivado es lo más grande que hay: el amor y el cariño, la entrega y la dedicación. La solidaridad es un compromiso. Es una responsabilidad que se ejerce con la voluntad de ayudar y encontrar felicidad en el hecho.

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