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Zapatero trata ahora de restaurar la relación con Argel tras hacer a Rabat socio preferente

Enviado el Lunes, 10 de septiembre de 2007, a las 14:19:23
Tema: Opinión - Enviado por webmaster10
OpiniónALFONSO ARMADA MADRID. El Gobierno intenta que el conjunto de las maltrechas relaciones con Argelia no se vean aún más afectadas por la rescisión del contrato con Repsol YPF y Gas Natural para el proyecto gasístico de Gassi Touil. Ayer, el secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Bernardino León, llegó a Argel para hablar con las autoridades argelinas. Las relaciones con el gigante magrebí, vital para el equilibrio geoestratégico en la región y por múltiples intereses, energéticos sobre todo, se deterioraron de forma decisiva con la llegada de Zapatero a la Moncloa.
Un alto diplomático español desveló a ABC esta semana cómo a partir de marzo de 2004 se ordena desde Moncloa aparcar el Plan Baker para el Sahara y primar las relaciones con Marruecos, dando así un giro de 180 grados en las relaciones con los vecinos del sur. Marruecos, tras la crisis de Perejil, pasó así a ser socio de referencia en detrimento de Argelia, principal suministrador de gas a España. El giro, añade este diplomático, no fue fruto de la inercia política, sino una decisión de Moncloa en los albores del Gobierno Zapatero.
Bernardino León es uno de los miembros del Ejecutivo que más ha viajado a Argelia desde que comenzara a dar signos externos de su malestar por la política española en el Sahara, que considera próxima a Marruecos. Uno de los asuntos pendientes en las relaciones entre los dos países y que podría estar en la agenda del secretario de Estado es la negociación sobre nuevos suministros y precios del gas, después de que la pasada primavera, en vísperas de la visita de los Reyes a Argelia, el ministro argelino de Energía apuntara un posible aumento del 20 por ciento en el precio de esa materia prima con destino a España.
Las relaciones con Argel no están resultando nada fáciles. Dejar morir el Plan Baker para solucionar el contencioso del Sáhara forjó una «nueva complicidad» con Rabat, pero indignó al Frente Polisario y a su principal valedor, Argelia. Rastreando en los antecedentes cabe recordar que Inocencio Arias, que aguantó un tiempo como embajador ante la ONU tras el cambio de Gobierno, tuvo que lidiar con el embolado. A la pregunta de si puede establecerse un vínculo entre ese cambio de tercio y la decisión de Argel de romper el contrato millonario de las empresas españolas Repsol y Gas Natural habían firmado para explotar el en Argelia, Arias no quiere en absoluto opinar. Al preguntarle por sus recuerdos de aquellas fechas que cambiaron una política aquilatada, sí recuerda, como recoge en su libro «Confesiones de un diplomático. Del 11-S al 11-M», que durante su estancia en la ONU, y cuando España apoyaba el Plan Baker, oyó de los argelinos y del propio presidente Abdelaziz Buteflika comentarios muy elogiosos hacia el Gobierno del PP y hacia Aznar, y agrega: «Los polisarios, al poco de nuestras últimas elecciones, comentaron que echaban de menos ya la política del anterior Gobierno español hacia ellos, que estaban preocupados con los nuevos derroteros».
Enfado de Buteflika
Un analista internacional que confiesa «intereses» tanto en Argelia como en Marruecos, por lo que no desea ser citado, comenta que es «evidente» el enfado de Buteflika, que «las posiciones están muy enconadas» ante «la decisión de Zapatero de ponerse casi incondicionalmente del lado de Marruecos», y no descarta que «aunque el asunto de la ruptura del contrato tiene muchas ramificaciones», el mal viento desatado por una política que un diplomático califica de «ingenua y mesiánica» puede haber tenido algo que ver. «Algunos medios argelinos han relacionado la decisión de Sonatrach al vuelco pro-marroquí de Zapatero, pero creo que las razones son puramente económicas», señala desde Argelia un redactor del «Quotidien d´Oran» especializado en economía.
El Kadi Ishane admite que «existen concomitancias entre la actitud argelina y la rusa, que han sacado a relucir un renacimiento del nacionalismo energético a cuenta de sus reservas de hidrocarburos». La Rusia de Putin cambió sobre la marcha las reglas de juego y obligó a la Shell a ceder buena parte del control de sus concesiones petrolíferas en Sajalín, donde la multinacional había hecho enormes inversiones.
Rivalidad en el Magreb
En ese punto coincide con Haizam Amirah Fernández, investigador principal del Mediterráneo y el Mundo Árabe en el Real Instituto Elcano, que recalca además la «coordinación entre Rusia y Argelia», con contactos empresariales y políticos, favorecidos por la «falta de una política común en la UE en el campo de los hidrocarburos y las necesidades energéticas». Para Amirah Fernández, «la rivalidad regional entre Marruecos y Argelia siempre ha afectado a las relaciones que España ha tenido con el Magreb. La necesidad de una buena relación con Marruecos no tiene por qué existir en detrimento de unas buenas relaciones con Argelia. No son incompatibles».
«La transparencia no es una cualidad del poder argelino, así que como mucho se puede intentar atisbar las verdaderas razones de la rescisión de contrato», dice desde Rabat Pedro Rojo, arabista y director del Boletín de Prensa Árabe. «Pero puede haber dos razones más allá del retraso: una la progresiva «renacionalización» del sector de hidrocarburos en Argelia después de un amago de liberalización total del sector (se llegó a hablar en hace unos años de la privatización de Sonatrach). En su momento, cuando se firmó el contrato, Argelia no tenía capacidad para asumir todos los proyectos e inversiones de envergadura, pero poco a poco han ido recuperando la iniciativa en el sector y parece que están evitando que empresas extranjeras controlen proyectos estructurales, como era este, en el que se incluía toda la cadena del gas, desde su extracción a la venta final al consumidor».
Autor del libro «El mundo visto por los árabes», Rojo subraya que «la prensa marroquí no ha dejado pasar la oportunidad y habla de chantaje, porque a Argelia no le gusta la política española hacia el Magreb y su apoyo a la amplia autonomía del Sahara».

Fuente: ABC

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