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Hasta los cojones...

 
Publicar nuevo tema   Responder al tema    Foros de discusión -> Gazapos del desierto (Nuestro anecdotario)
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Numa
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Registrado: Aug 05, 2006
Mensajes: 414
Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Lun Ago 13, 2007 10:33 pm    Asunto: Hasta los cojones... Responder citando

Estaba convencido, y lo sigo estando, de que tendría aceptación este foro, entre otras cosas, porque había sido solicitado por varios miembros que frecuentan esta página, y, sobre todo, porque todos tenemos historias, anécdotas y recuerdos de nuestra relación con el Pueblo Saharaui que podemos contar aquí. En fin, supongo que según vayan pasando los días de vacaciones estivales la gente se irá animando a escribir.

También es verdad que no es lo mismo recordar momentos vividos por uno mismo, que escribirlos para que otros los lean; y que una historia que a unos nos puede parecer bonita, graciosa o entrañable, a otros, al leerlas, les puede parecer un auténtico castañazo. Asumiendo ese riesgo, paso a relataros una de las historias que guardo en mi memoria.

Era Semana Santa. Mi mujer y yo viajamos por primera vez a los Campamentos de Refugiados Saharauis de Tindouf, para conocer a la familia de Lemhaba, nuestro primer niño de acogida, que había pasado en casa el verano anterior.

Era el segundo día allí; habíamos pasado ya ese corto periodo de adaptación a los olores, sabores,..., vergüenza, miedo a no saber comportarte correctamente,..., moscas, chinches,..., calor, polvo, arena, sudor,...

Periodo de adaptación, de unas pocas horas, en el que irremediablemente te preguntas: ¿Qué coño hago yo aquí, pudiendo estar, por el costo de las líneas aéreas argelinas, en el Caribe, viendo pasos de procesión en Sevilla, o simplemente descansando en mi casa de Madrid?

Mi primera familia saharaui nos escondía en la haima, como si no quisieran enseñarnos, o quizás, compartirnos, con nadie que no perteneciese a la propia familia. También es verdad que eran otros tiempos, y si salías de la haima, y a veces hasta sin salir, recibías la visita de saharauis uniformados militarmente que intentaban, con el pretexto de actuar como intérpretes, averiguar tu grado de compromiso con la causa saharaui, es decir, algo parecido a comisarios políticos. Como he dicho, eran otros tiempos.

De cualquier manera, eran muchas horas las que pasabas tumbado en el suelo alfombrado de la haima, tomando té y más té.

En un determinado momento de ese segundo día, me incorporo y empiezo a deambular dentro de haima; ellos, sorprendidos y con caras de preocupación, me preguntaron: ¿Tú malo?, pensando que estaba enfermo y que por eso me ponía de pie. Yo les contesté: ¿Yo malo?, lo que estoy es hasta los cojones de estar tumbado y necesito estirar las piernas.

Una vez que todos, preguntándose entre ellos, entendieron mi desproporcionada contestación, y después de mucho reír repitiendo: cojones jajaja, cojones jijiji, cojones jojojo, como siempre, le buscaron soluciones de manera inmediata. En escasos 20 minutos aparecieron, como por arte de magia, con dos altos y confortables colchones de espuma, que fueron nuestro sofá el resto de días y nuestra cama blanda el resto de noches.

Ese día comprendí que, por ese indescriptible carácter que tienen los saharauis, intentan darte hasta lo que no tienen; están pendientes de cualquier gesto de agrado o de desagrado tuyo. No le digas a una mujer saharaui que tiene un collar muy bonito, pues al rato lo tendrás colgado en tu cuello; no le digas que son muy bonitas las alfombras de la haima, pues tendrás que cargar con unas a la vuelta; diles que te gusta el cielo estrellado del Sáhara y te buscarán el sitio y la tranquilidad necesaria para poder observarlo.

Pero ahí no quedó la cosa. Después de sorprendernos con los asientos y camas de espuma, el padre desapareció durante un par de horas; había ido a buscar a un familiar que tenía un viejo Land Rover.
Cuando volvió sentenció: “Mañana temprano viajaremos a ver los camellos a las montañas, allí nos comeremos una cabra”. Y mirándome fijamente y con mucha amabilidad me dijo: “Mañana podrás estirar las piernas todo lo que quieras; tanto, que desearás volver a la tranquilidad de la haima, para tumbado, tomar el té”.

Dicho esto, todos empezaron a reír de nuevo repitiendo aquella palabra, que quizás no tuve que nombrar nunca, pero que sirvió para que nos riésemos un montón y, sobre todo, para que a partir de ese día durmiésemos siempre en blando en el Sáhara: cojones jajaja, cojones jijiji, cojones jojojo.

Al día siguiente, el viaje anunciado nos deparó otra jornada inolvidable, con sorpresa incluida, y gorda sorpresa por cierto. Pero eso será otra historia de nuestro anecdotario saharaui.

Animaos, sé que cada uno de vosotros tenéis cientos de historias mejores que esta; es sólo ponerse a escribirlas. Un saludo para tod@s.
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Prada
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Registrado: Apr 08, 2006
Mensajes: 678

MensajePublicado: Lun Ago 13, 2007 10:55 pm    Asunto: Responder citando

Ya verás Numa como pasado agosto la gente se anima a contar sus anecdotas.
Me temo que esta parte del foro tendrá más exito del deseado Very Happy .

Vete tú a saber si no dará para publicar un libro.

Saludos
SaharaLibreYA!!!
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Arena
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Registrado: Apr 09, 2006
Mensajes: 203

MensajePublicado: Mar Ago 14, 2007 11:52 pm    Asunto: Responder citando

Numa, ¿No te da vergüenza enseñar palabrotas a los saharauis?!

Wink
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higuerita
De Paso
De Paso


Registrado: Jun 19, 2007
Mensajes: 3

MensajePublicado: Mie Ago 15, 2007 5:19 pm    Asunto: Responder citando

buenas tardes ,soy nueva en el foro ,no estoy acostumbrada a escribir , Embarassed pero bueno almenos me e lanzado para saludar a todos los amigos del pueblo saharaui.
e leido un mensaje de un amigo en su primer viaje a los campamentos,me e sentido completamente identificada con el
mi marido y yo fuimos hace dos años a dajla a ver a mi primera niña de acojida,salimos de sevilla,aunque vivo en malaga,el viaje asta tinduf"bien"asta dajla para llorar,cinco horas en un camion sentada en un asiento a todo lo largo de el y sin tener donde agarrarte dando mas pingo que un caballo desbocao.
la llegada a onmondraiga,mi niña,la familia,el alboroto de los crios inolvidables,mi marido acababa de pasar una operacion y no se encontraba totalmente recuperado,no sabian como tenerlo comodo ,cojines por todos los lados,no te muevas ,no te levantes ,solo faltaba lo llevaran en brazos.
la salida al campo a comernos la cabra,dios cada vez que me acuerdo,todos en lo alto de un land rober y km y km alla a lo lejos vimos una piedra grandee alli aparcamos el coche sacamos una lona una alfombra,los utensilios del te y una olla,el mejor dia de campo de mi vida
no me alargo mas pues empiezo y no acabo solo decir que tengo monooo y estoy un poco triste pues mi miño se marcha el dia 21
bueno un beso a todos
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Numa
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Registrado: Aug 05, 2006
Mensajes: 414
Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Jue Ago 16, 2007 12:44 am    Asunto: No son palabrotas. Responder citando

Wink No son palabrotas Arena Laughing ; algún lingüista nos diría que las distintas acepciones de las palabras, en el idioma español, son una prueba de la riqueza semántica de nuestra lengua, o mejor dicho, de nuestras lenguas.

Aquí tendría mucho que decir nuestro Premio Nobel y Académico de la Lengua, Camilo José Cela, cuando en los años 70 ya recogía en su Diccionario Secreto referencias a estas palabras. Otro Académico, Arturo Pérez Reverte, escribe un artículo, que es una autentica tesis doctoral sobre la palabra “cojones”.
Cualquiera de los dos nos diría que lo que convierte estas palabras en palabrotas es decirlo sin venir a cuento, sin sentido o sin razón; pero que puestas en su sitio, en su momento oportuno, son correctamente utilizables como giros del lenguaje.

NOTA PREVIA: Considerando el ladrillazo, que ya preveo que me va a salir, si os aburrís, tenéis mi comprensión para:
1.- Pinchar la crucecita de la esquina superior derecha de vuestro monitor, e iros a tomar unas copitas.
2.- Salir del post y aprovechar para leer las noticias de SáharaLibre.es
3.- Pinchar en el buscador y teclear “sexo, drogas y rock and roll”. Os saldrán cientos de miles de resultados, algunos de ellos muy interesantes.
4.- Cualquier otra alternativa que tengáis.
Laughing Laughing

Pues bien, plagiando casi totalmente, y sin el mayor recato, el citado artículo de Pérez Reverte, e intentando saharauizarlo (¡vaya palabro!) para que tenga algún sentido el meterlo en este foro, paso a relataros las distintas, y todas correctas, acepciones de la palabra “cojones”:

Si la palabra “cojones” va acompañada de un numeral, tiene significados distintos según el número utilizado. Así, "uno" significa "caro o costoso" (el billete de Air Argerie cuesta un cojón), "dos" significa "valentía" (El Uali tenía dos cojones), "tres" significa "desprecio" (me importa tres cojones la opinión de Moratinos con respecto al Sáhara), un número muy grande y "par" significa "dificultad" (convencer a ZP de que la Autonomía de Marruecos no es el camino, nos va a costar mil pares de cojones).

El verbo cambia el significado. "Tener" indica "valentía" (el Pueblo Saharaui tiene cojones), aunque con signos exclamativos puede significar "sorpresa" (¡tiene cojones!: los derechos humanos pisoteados en el Sáhara Occidental y los partidos políticos españoles siguen callados); "poner" expresa un reto, especialmente si se ponen en algunos lugares (El Polisario puso los cojones encima de la mesa y, por las noticias, parece que la delegación marroquí sólo se llevó para casa la tarjeta de crédito de Ban Ki-moon).

También se los utiliza para apostar (me corto los cojones si de las reuniones de Manhasset surge la desaparición del muro de la vergüenza marroquí), o para amenazar (te corto los cojones si me fastidias el próximo viaje a los Campamentos). El tiempo del verbo utilizado cambia el significado de la frase. Así, el presente indica "molestia o hastío" (me toca los cojones que le roben los recursos naturales a los saharauis ante la pasividad de la comunidad internacional), el reflexivo significa "vagancia" (se tocaba los cojones y no hacía nada por solucionar el problema de la tortura en el Sáhara Occidental), pero el imperativo significa "sorpresa" (¡tócate los cojones!: Empresas españolas colaborando en esquilmar el banco pesquero saharaui). Los prefijos y sufijos modulan su significado: "a-" expresa "miedo" (Marruecos está acojonado con la resistencia pacifica saharaui en los Territorios Ocupados), "des-" significa "cansancio o risa" (descojonado de la postura oficial española en el Sáhara), "-udo" indica "perfección" (el Plan de Paz de la ONU de 1991 podría haber sido cojonudo), y "-azo" se refiere a la indolencia o abulia (los de la ONU se comportan como unos cojonazos con el tema de la ocupación del Sáhara Occidental).

Las preposiciones matizan la expresión. "De" significa "éxito" (me salió de cojones el gazpacho que hice en los Campamentos) o "cantidad" (en la noche navideña en las dunas de Auserd hacía un frío de cojones), "por" expresa "voluntariedad" (este año me hago el maratón del Sáhara; lo haré por cojones), "hasta" expresa "límite de aguante" (estoy hasta los cojones de estar tumbado en la haima y necesito estirar las piernas), "con" indica "valor" (insisto, El Uali era un hombre con cojones) y "sin", "cobardía" (los que decidieron la entrega del Sáhara eran hombres sin cojones).

Es distinto el color, la forma, la simple tersura o el tamaño. El color violeta expresa "frío" (insisto también, aquella noche en las dunas se me quedaron los cojones morados), la forma, "cansancio" (tenía los cojones cuadrados de tanto cargar con la pancarta del Sáhara no se vende), pero el desgaste implica "experiencia" (de Manhasset no se podía esperar ningún resultado, tenía los cojones pelados de tanto repetirlo).

Es importante el tamaño y la posición (los activistas saharauis de la Intifada tienen dos cojones grandes y bien plantados); sin embargo hay tamaño máximo (para cruzar el vergonzoso muro marroquí hay que tener los cojones como los del caballo de Espartero) que no puede superarse, porque entonces indica "torpeza o vagancia" (le cuelgan, se los pisa, se sienta sobre ellos, e incluso necesita una carretilla para llevarlos. De estos, por desgracia, conocemos a muchos en los distintos organismos internacionales, así como, en los distintos gobiernos españoles desde aquel de Arias que entregó el Sáhara a Marruecos).

La interjección "¡cojones!" significa "sorpresa" (¡cojones! ¿Quién podía esperar que Zapatero apoyase a Marruecos, con el silencio de las bases del PSOE?) y cuando uno se halla perplejo los solicita (manda cojones, me averguenza la postura de mi Gobierno con el Sáhara). En ese lugar reside la voluntad y de allí surgen las órdenes (me sale de los cojones apoyar al Pueblo Saharaui y a su justa causa).

En resumen, será difícil encontrar una palabra, en castellano o en otros idiomas, con mayor número de acepciones.

Terminado el artículo plagiado y saharauizado (¡joder con el palabro!) de Pérez Reverte, te contaré Arena, un par de razones más para justificar que no son palabrotas este tipo de expresiones.

La primera: podría haber utilizado, para definir mí estado de cansancio, por estar tanto tiempo tumbado, algunos sinónimos menos contundentes como: pendientes reales, cataplines, mismísimos, kinders, o incluso algunos ñoñismos del tipo perendengues o redaños, pero, aparte de excesivamente cursi, estaría todavía estaría explicando a mi familia saharaui lo que quería decir y, sin duda, habría dormido en el duro suelo durante toda la estancia aquella y posteriores, es decir, mereció la pena permitirse esa licencia lingüística.

La segunda, soy andaluz, por suerte o por desgracia, en el sur, utilizamos frecuentemente y cariñosamente este tipo de frases. Por ejemplo, cuando me refiero a mi propio hijo, a veces, digo cosas como “este hijo de puta, con sus suspensos, nos ha fastidiado las vacaciones de verano”, y te puedo asegurar que mi mujer es “una santa”, sobre todo por aguantarme a mí desde hace más de veinte años.

Además Arena, aparte de todas estas forzadas justificaciones, ¿Quién te ha contado a ti, que los saharauis no tienen “palabrotas” de cosecha propia?

Pido perdón a los que hayan aguantado el ladrillazo y a Pérez Reverte por haberle destrozado su artículo. Very Happy Very Happy
Un saludo.
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Arena
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MensajePublicado: Jue Ago 16, 2007 1:43 am    Asunto: Responder citando

Numa, ya sé que no son palabrotas. Siempre he defendido los "tacos" usados en el lugar adecuado y en el momento oportuno.

Era un modo amable e irónico de decir que encontré muy graciosa la anécdota. Veo que mi jocoso comentario (no era más que eso) ha desatado un cúmulo de explicaciones semánticas que no eran necesarias puesto que era obvio y más que justificable la expresión. De todos modos me alegro de tus explicaciones y, sobre todo de los exemplos saharauizados (sí, ¡menudo palabro!) que me han arrancado carcajadas, especialmente el del gazpacho.

Además, creo que dadas las circunstancias, la acepción del término podía utilizarse tanto en sentido figurado (estar harto) como en sentido real (tener los cataplines entumecidos Smile. Después de horas y horas de estar tumbado en la jaima... ¡manda webs, la cosa no era para menos! Cool

Por cierto, en algún rincón de algún armario, debo tener un papel ajado con un montón de tacos saharauis que recopilé en su momento.
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Numa
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MensajePublicado: Lun Dic 17, 2007 11:47 pm    Asunto: Sorpresa, ¿quién dijo miedo? Responder citando

Desde que escribí el primer post de este tema, tenía pendiente el continuar la historia del “Hasta los cojones...”, con lo que nos sucedió al día siguiente, en el viaje prometido al lugar que mi familia saharaui llamaba las montañas, para ver a los camellos que allí tenían, y de paso comernos, en aquel recóndito lugar, la cabra con la que nos querían obsequiar.

No había amanecido todavía, cuando el viejo Land Rover que tenía que transportarnos pitó a la puerta de la jaima indicando que ya teníamos que estar preparados para salir.
Sin tiempo para desperezarnos en nuestros recién estrenado colchones de espuma, un escaso desayuno rápido y todos a la calle para ocupar nuestra plaza en el destartalado coche.

Primera sorpresa. Al salir a la puerta de la jaima el coche estaba cargado, en su techo, con una pequeña jaima con sus palos, unas alfombras y cojines, unos bidones de agua, una rueda de repuesto y los utensilios necesarios para la preparación de la comida. Por buscar un símil, el techo del coche se parecía al de los emigrantes marroquíes que atraviesan España en el verano, procedentes de Francia y con destino Algeciras.

Segunda sorpresa. Un total de quince personas, entre niños, jóvenes, adultos, incluso un bebé, esperaban a que nos acomodásemos mi mujer y yo, para subirse al Land Rover. En total diecisiete personas y una cabra (viva), en un coche corto, en el que yo habría pensado que entraban, como mucho, siete u ocho pasajeros.

El viaje duró unas cuatro horas. Cuatro horas de saltos, botes, golpes, calores, sudores, cantos, risas, lloros de niños, olor a cabra,..., hasta que por fin en el horizonte apareció un rebaño de camellos.

En aquella época, el padre de mi primer niño, Lemhaba, se dedicaba, en compañía de los hombres de la familia (hermanos y sobrinos), a irse durante temporadas de tres o cuatro meses, a Mauritania, o a Mali, buscando camellos, que traían atravesando el desierto, para engordarlos en las montañas, y terminar vendiéndoselos a los argelinos para carne. Con la plusvalía generada conseguía subsistir la familia completa.

Tercera sorpresa. Uno conoce a los camellos, de verlos en el parque zoológico, o de montarlos, en el viaje de novios a Canarias. En los dos casos, de fotografiarse con estos placenteros y tranquilos animales. La primera intención, nada más bajar del coche, ponernos la darraja, el turbante y la melfa, e irnos a hacer la foto típica con camello. Pues no, aquellos camellos pegaban mordiscos como alimañas, daban coces como caballos salvajes, y tenían pulgas hasta en el cielo de la boca. Montarse en ellos imposible; acercarse a ellos, muy difícil; y sólo sacarse la pretendida foto se convertía en un auténtico ejercicio de máximo riesgo. Al final, con mucho empeño, paciencia, engaños y algo de miedo disimulado, conseguimos sacarnos las deseadas fotos.

Las montañas, en las que engordaban los camellos, eran unas lomas, o pequeñas elevaciones del terreno, en las que las escasas lluvias hacían crecer algunas hierbas de las que se alimentaban los camellos.
Mientras mi mujer y yo intentábamos conseguir las fotos, montaron la jaima, con las alfombras, al resguardo del viento en la base de una de las lomas; mataron la cabra y empezaron a cocinarla; prepararon el té, que degustamos con el placer que se degustan los tés en medio del desierto; y charlamos, ayudados por interprete saharaui que estudió en Cuba y por Lemhaba, con la tranquilidad que se charla en medio de la nada.

Cuarta sorpresa. La sorpresa. Llegó la hora de comer y había hambre por el ejercicio realizado en el viaje y en la consecución de las fotos con camello. Empezamos a comer y a disfrutar de los pinchos morunos, del estofado de cabra con patatas y de las coloreadas ensaladas, que sólo ellos saben preparar.
De repente, sonaron dos explosiones cercanas; a los pocos segundos, otras dos explosiones más lejanas; seguidamente, una cadena de explosiones ensordecedoras y muy cercanas.
Mi mujer y yo salimos de la jaima y corrimos hacia la cúspide de la loma, para ver qué era aquello que producía las repetidas explosiones que no paraban de sonar. Al llegar arriba, ¿quién dijo miedo?, terror, cuando descubrimos que eran bombas que estallaban, haciendo saltar por el aire arena, piedras y polvo, a una distancia de unos doscientos o trescientos metros de donde nos encontrábamos.

El espíritu de supervivencia nos hizo correr como yo creo que nunca habíamos corrido. Transcurridos unos minutos, me di cuenta que estaba sólo; mi mujer había corrido en otra dirección que yo, o yo en otra dirección que ella; la realidad es que por la configuración del terreno, lleno de montículos y elevaciones, no podía saber ni dónde estaba mi mujer, y el viento impedía que ella pudiese oír mis gritos de llamada.

Menos mal que las explosiones cesaron. Me tranquilicé, sobre todo cuando encima de una de las elevaciones pude ver a Lemhaba, mi niño saharaui, que venía a buscarme partiéndose de risa. Me guió a la jaima, donde ya estaba mi mujer, nerviosa, pero también muerta de risa. Entonces, ofreciéndome un té, me explicaron la razón de las explosiones producidas por proyectiles de artillería: Los camellos pastaban en las inmediaciones, incluso dentro, de un campo de prácticas de tiro del ejercito argelino.

Terminamos el día de campo, montaña, sol, viento, cabra, tés y sustos; recogimos y volvimos a los Campamentos tras otras cuatro horas de viaje de vuelta. Al día siguiente, tenía razón mi anfitrión, el padre de Lemhaba, el cansancio hizo que no me moviera de la jaima o sus alrededores. Tomando té en el sosiego de la jaima y después de reírnos mucho de mis carreras, hacia ninguna parte, por el desierto, se me ocurrió preguntar cómo podían tener esa tranquilidad, que ni se movieron del sitio en el que estaban sentados, mientras mi mujer y yo corríamos, y en nuestra cercanía caían proyectiles, que explotaban por doquier. La contestación no fue nada tranquilizadora. Con una pachorra increíble me contestaron más o menos: “El desierto es muy grande, nuestra jaima y nuestro coche eran muy pequeños, era muy difícil que nos acertasen, salvo que tirasen a dar. Los argelinos son amigos y nunca iban a tirar a darnos”.

Entonces entendí por qué Mauritania firmó la paz en su día con los saharauis, cuando estos llegaron, en su avance, hasta la mismísima capital mauritana; y entendí por qué los saharauis dicen que si no se hubiese firmado el Plan de Paz de la ONU, en 1991, esa guerra se la tenían ganada a Marruecos; y entendí también por qué existe un Sáhara Liberado; y comprendí por qué la victoria final será suya; porque con esa paciencia, esa pachorra y esa tranquilidad, en más o menos tiempo, conseguirán todo lo que se propongan. Así sea.
El tiempo es algo relativo, como me dijeron la primera vez que viajé a los Campamentos, y desde entonces cumplo y aconsejo a todos los que viajan: déjate el reloj en casa, allí no te va a servir para nada.

Numa. Dic/2007
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Prada
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Registrado: Apr 08, 2006
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MensajePublicado: Mar Dic 18, 2007 12:49 am    Asunto: Responder citando

Y queriendo asociar este post con otro anterior... ¿Tus pantalones que? Porque si hubiera sido yo el protagonista de esta anecdota te aseguro que yo me hubiera tenido que cambiar de ropa... Rolling Eyes
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Numa
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Mensajes: 414
Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Mar Dic 18, 2007 1:20 am    Asunto: No había problema. Responder citando

No había problema Prada, me tenía que cambiar de ropa de todas formas. No te puedes ni imaginar la cantidad de pulgas que se te pegan a la ropa con estar en las cercanías, que no contacto, que nunca llegué a estar, de aquellos camellos. Me estuve rascando de Semana Santa a Navidad.

Por otra parte, si perdí a mi mujer en mi frenética huida, y no me di cuenta, ¿crees que me habría dado cuenta de manchar los pantalones?

De lo que si me di cuenta ese día, es de que las armas de matar y los uniformes militares no son lo mío.
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shiatsu
De Paso
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Registrado: May 16, 2008
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MensajePublicado: Sab May 31, 2008 11:48 am    Asunto: Responder citando

Hola Numa no te preocupes somos familia nueva en el tema de acojida de niños así que tendremos un monton de experiéncias y anegnotas super divertidas y curiosas para compartir con todos vosotros.
Hasta luego.
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Numa
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Registrado: Aug 05, 2006
Mensajes: 414
Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Mie Jun 04, 2008 6:42 pm    Asunto: Bienvenida Zahra. Una niña saharaui en casa. Responder citando

Hola Shiatsu, perdona por el retraso en contestarte.

Lo interpreto como una promesa, contamos contigo para que nos cuentes tus vivencias, sentimientos, momentos y anécdotas. Permitidnos compartir con vosotros las peripecias de Zahra en el Pirineo. Estoy seguro de que este será el principio de una bonita historia.

Un saludo.
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ArnaldoRomero
De Paso
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Ubicación: Cangas de Onís

MensajePublicado: Mar Nov 16, 2010 1:25 am    Asunto: Responder citando

Arena escribió:
Numa, ¿No te da vergüenza enseñar palabrotas a los saharauis?!

Wink


¿ Palabrotas ? Perdonen pero no he visto a hispanoparlantes más respetuososo con la lengua de Cervantes que a los saharauis.

Recuerdo en una ocasión, que estaba haciendo de cuerpo en mitad del desierto, en Mauritania, cerca de Choum. Yo me creía alejado de un poblado y lejos de todas las miradas cuando en mitad del acontecimiento solté , como suele suceder, un estruendoso pedo. En ese momento de gran "intimidad" surgió de la nada una voz que en perfecto castellano ( con acento canario) que me decía: " tiene usted aerofagia". Ni que decir tiene que pegué un bote del susto que me metió pero aún así no pude sino reponerle : " habla usted muy bien el español" a lo que el individuo me contestó: "gracias".

¿ Quién sino un saharaui atinaría a calificar mis ventosidades como "aerofagia"? Y ni siquiera era médico.
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luara
Interesado en el Sahara
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Mensajes: 69

MensajePublicado: Sab Sep 10, 2011 8:54 pm    Asunto: Responder citando

Pues para Abdu un niño que acogimos, ahora es ya casi un hombre, un pedo era una bomba en la barriga.
Me decía que le gustaban mucho las alubias pero que si comías muchas tenías bombas en la barriga.
Mi palabrota fué decir mariconadas...me preguntaban por la pareja de mis hija, que a ver si llevaba el pelo largo o cresta o pendientes...
- No, no el dice que mariconadas, pocas.
Habriáis tenido que verles, se descojonaban de la risa.
Otro día nos dieron plátanos de postre y yo en catalán le comenté a mi hija:
-Això engreixa que t'hi cagues (eso engorda que te cagas)
El padre me dijo:
-No, Antònia, no, con eso no te cagas...
Debía de saber que el plátano es astringente.
En justa correspondencia también a mi me enseñaron a decir unos cuantos tacos en hassania que a veces uso ante el regocijo del respetable.
Un saludo a todos.
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